Virgen de la Buena Madre

$200,000

Virgen de la Buena Madre, incluye 2 rosas preservadas mini, dentro de cúpula de cristal y mensaje impreso.

  • Alto urna: 28 cms.
  • Ancho 21 cms.
  • Alto Virgen:  23 cms.
  • No es un bono.
  • Envío nacional vale 35.000.

Descripción

Un poco de Historia Virgen de la Buena Madre

La «invocación-nombre» más frecuente que Marcelino da a María es simplemente: «la buena Madre», «nuestra buena Madre», un apelativo totalmente sencillo y popular, algo como la forma femenina paralela a la que el pueblo creyente de su tierra francesa usa al referirse a Dios: «le bon Dieu» – «la bonne Mère». No son tratamientos estudiados ni expresiones de un teólogo o un mariólogo eminente, porque ciertamente el P. Champagnat no lo era.

Esta expresión «(notre) bonne Mère» se encuentra con bastante frecuencia en sus cartas e instrucciones, y la usa al menos dos veces en su «testamento espiritual». (Nota: Sin querer entrar en polémicas, es interesante recordar al lector que los «escritos directos» que conservamos del Fundador no contienen, ni una sola vez, «textualmente», el tradicional título (dado a María) de «Recurso Ordinario», que citarán como auténtico los Hnos Francisco, Juan Bautista, Silvestre y otros, y que quedaría consagrado en las Reglas Comunes de 1852).

el símbolo más elocuente de la actitud de «confianza y abandono filial» vividos por Marcelino con la Sma. Virgen, sea la imagen misma de «la buena Madre». ¿Por qué la tuvo el P. Champagnat siempre consigo, ya desde los tiempos de La Valla? ¿Por qué recurrió a dicha imagen en los momentos de crisis de su Comunidad?… Porque expresa plásticamente e invita muy claramente a cultivar el valor espiritual que estamos comentando.

Ante ella podía decir Marcelino, espontáneamente, su propio Salmo 130: «María, mi buena Madre: en medio de mis preocupaciones, dificultades y trabajos, mi alma está en mí como un niño… Como un niño pequeño, me pongo y abandono en tus brazos de Madre…»

Cuando nosotros mismos contemplamos con serenidad esta imagen, podemos entender muy bien el final de la oración que el P. Champagnat compuso para el joven Hno. Francisco que, con sólo 14 años, era enviado a la escuela de Vanosc: «.. ¡Oh Virgen Santa!, estar consagrado a ti es tener las armas aseguradas para combatir y vencer. ¡Ten piedad de tu hijo que se echa en tus brazos con una gran confianza de que Tú no lo abandonarás!. Te ofrezco y encomiendo a todos los niños que me serán confiados». (Ver Oración a la Sma. Virgen al llegar a un destino).